lunes, 6 de abril de 2009

¡¡El tre..ne..cito lerén...!!

¡¡ Por fin llegó el domingo de ramos !!
... y la hora de cumplir promesas.
Pero no sabía yo que esas promesas se parecerían tanto a las propias de penitencia.
Había prometido (valga la redundancia) llevar a mi hija a ver las cofradías a la capital en metro, para que conociera tanto a unas como a el otro.
¡¡Gran error!!, todo el mundo había pensado hacer lo mismo y como buen cateto, lo pagué.
Se me ocurrió, por decir probar, probar hasta los aparcamientos de la propia estación y allí dejo encarcelado el coche.
La primera en la frente (el guardia de seguridad del aparcamiento): Sr. ¿sabe usted que hay colas de hasta dos trenes de espera para poder subir? Todos están llegando llenos desde Ciudad Expo.
Yo claro, optimista: No importa, esperamos un poco, no tenemos prisa.
Después de ver atónito como iban los pasajeros del primero que pasa, empezamos a acordarnos del guardia de seguridad...
En el segundo, ya no hay reparos, aquí entramos nosotros como sea.... y entramos, pero la primera sorpresa es ¿y ahora donde nos agarramos? ¡¡ no había barras para hacerlo en el centro de los pasillos y en las inmediaciones de las puertas !!.
Claro que siempre hay alguien simpático que te da ánimos y te dice: No preocuparos, estamos tan apretados que no hay ni espacio para caerse.
Bueno, después del agradable paseo llegamos a la estación de destino (porque la que nos interesaba estaba antes pero cerrada porque aun no se habían arreglado los desperfectos ocasionados por el socabón que se abrió días antes de la prevista inauguración) y bien, ya hemos estrenado el metro, le digo a la niña, ¡¡ que guay ¿verdad? !! y nada, a lo que vamos, vamos a ver las cofradías a la Catedral, que allí se ve muy bien.
Después de un ligero pateito por las calles, llegamos a sus inmediaciones y buscamos un sitio donde no de el sol, osea a la sombrita, como decimos por aquí.
Este año han colocado unas vallas a la altura de la vista que no te dejan ver bien como no alquiles unas de las clásicas sillas de la zona y claro, si no quieres sucumbir al pseudochantaje hay que buscar con paciencia el corner adecuado....
Por fin lo tenemos, de aquí ya no nos coscamos y a aguantar el tirón hasta que venga la primera cofradía.
¡¡ Ahí está, ahí está... !! le digo a la niña y ella entusiasmada, empieza a mirar y mirar hasta que se cuela en su postura ideal y a disfrutar.
¿A disfrutar?, al segundo paso, me viene con muy mala cara y le pregunto ¿que te pasa hija? y con la voz amortiguada por el ruido ambiente, me dice junto al oído: Papá, ese hombre se ha ventoseado y no puedo aguantar ahí.
Nada, que cojo a la niña y la levanto en brazos para que se reponga de aires mas saludables...
Pero nada, allí estabamos los tres disfrutando de una tarde primaveral rodeado de olores a azahar, incienso, perfúmenes de estreno y alguno que otro comentado.
Escuchamos tambores ¿y eso....? ¡¡ otra cofradía por detrás !! (dice mi señora) ¡¡ vámonos para allá que nos la perdemos !! y allí nos vamos todos corriendo, abandonando nuestra privilegiada posición.
Después de su correspondiente espera vemos un escaloncito muy simpático donde poner nuestras posaderas y dar respiro los agotados pies.
Ya llevábamos dos horas y estábamos encantados cuando mi hija nos dice: Tengo ganas de un helado. Y nada. A por el helado. Mira por donde, enfrente a donde descansábamos tan ricamente había una heladería.
Allí que se van las dos y ¡¡oh!! ¡¡novedad!!¡¡ Una cola para comprar el helado !!. Pero, ¡bah! tardamos poco ¿hay prisa?. No, no, les digo yo, ninguna.
No le despacharon hasta veinte minutos después, pero eso que éra al lado de las cara de satisfacción tras haber conseguido el vasito de helado....
Cumplido los principales objetivos nos dice la pequeña: Papá, yo estoy ya cansada, ¿por que no nos vamos a casa? (¿os imagináis mi cara de "disgusto"?).
Nada, nada, si tu quieres, ¡ nos vamos ahora mismo !
Así que cogimos carretera y manta y para la parada del metro mas cercano.
Je, je, la parada, la parada estaba a cincuenta metros de la cola que había para llegar a ella.... (si no hubiera sido porque pensaba que tenía el coche secuestrado en la estación de San Juan, me hubiera ido en taxi en ese momento).
Asombrado todo el mundo preguntaba ¿esta cola es para entrar al metro?.... Si, si, ...y así hasta llegar a la puerta de entrada.
¡ Pueden bajar ustedes, sólo veinte ¿en?! (nos dice el guarda de seguridad). Y bajamos y ..... otra cola. ¡ Ostia y esto que es !, me dice una chica muy simpática. ¡ Esta es la cola para pasar por la máquinas de control ! hay mucha gente que no sabe como se hace y hay que enseñarles.
¡¡Alucino, allí esperando como le enseñan a pasar con lo que estaba cayendo arriba....
Pasa el tiempo y por fin me toca y pasamos (nosotros ya habíamos aprendido antes.....)
¡¡ Hea, ahora a esperar y al segundo tren, al igual que antes, en el primero te cortas y en el segundo pierdes la vergüeza y empujas... si no, ¡que no entras vamos!
Ya estamos dentro, enlatados como sardinas, pero dentro. Un brazo por aquí, una pierna por allá, el codo del de al lado por aquí, la rueda del carrito de turno por alla, lo que se dice un desecho de comodidad, vamos, descansando y disfrutando del regreso.
Hasta ahí, todo bien, pero llega la parada de Plaza de Cuba y una familia que estaba mas adentro, quiere bajarse y con carrito y todo.... No veas, empujón por aquí, empujón por allá, la mujer con un niño y el carro que sale, pero.... el padre con otro niño ¡ se queda dentro porque cierra la puerta sin tiempo de salir !.
Pero este hombre tenía mas reflejos de Casillas y ¡¡toma!! tirón que le pega al pestillo de emergencia de puerta y la bloquea. Él sale tan feliz y ahí que nos deja estancados con una vocecilla que salía tímidamente de los altavoces interiores del trenecito: "Sres. hasta que dejen tranquilo el pestillo de la puerta, de aquí no nos movemos....".
¿Se pueden imaginar la gente? Comentarios y gritos de todos los tipos:
¡¡Quillo que esto está bloqueado, que aquí hace falta una llave especial para desbloquearlo.
¿Puede darle usted a este botón que dice que vale para hablar con él? (me dicen a mí que estaba al lado)
Sin problemas, ahora mismo. Allí que pulso y eso no funciona, ni el me escuchaba ni yo a él por el comunicador. Solo se oía por los altavoces: "Sres. que de aquí no nos movemos hasta que no cierren ustedes las puertas..."
Era para flipar en colores, eso era un diálogo de besugos, unos decían una cosa, otros otra, y por medio comentarios de todos los tipos:
¡¡Valla mierda de tren, esto es el trenecito de la Barby, en vez de un metro!!
Otro decía: ¡¡Pues esto no es nada, verás cuando llegue la Feria y empiecen los borrachos a echar los "potos" con este plan!!
Pasaban los minutos y subía la tensión de la gente, las protestas, los niños lloraban...
Mi Sra. que si "vámonos, yo me bajo de aquí ahora mismo..., venga, vámonos y cogemos un taxi...", mira a la niña, si se le está poniendo la cara blanca..., la niña "papá... tengo fatiga..."
¡¡Bufff...!!. Bueno, que lo dejo aquí, que ya tenéis bastante.
Un buen señor que estaba junto a la puerta se baja y se va en busca del conductor. Este viene con una llave milagrosa y ¡¡desbloquea la puerta, milagro!!, la puerta se cierra con él fuera dejando al pasajero mensajero en el andén.
Ahora, este hombre no podía subir y tenía que esperar el próximo tren, porque el conductor decía que estaba cerrado automáticamente...¡¡que pasada... no había visto cosa igual en mi vida!!. ¿Que clase de alta tecnología es esa...?
Por fin llegamos al destino nos bajamos del trenecito de la Barby y cogemos nuestro espléndido, holgado y cómodo automóvil. Nunca me había parecido tan grande, tan cómodo y tan seguro como ese día.
Terminamos la jornada alabándolo y valorando lo que antes no habíamos hecho nunca sobre él.
¡¡ Mi coche... !! ¡¡ Y pensar que creíamos que íbamos a relegarlo en un segundo plano para ir a Sevilla...!!

Moraleja: Como decía mi abuela, "No dejes camino a la primera para coger verea".

* Parodiando a un famoso humorista, esto es verídico al 100 %, me he circunscrito a la más exacta realidad y no he exagerado "ni un pelo" en lo ocurrido.

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