martes, 23 de junio de 2009

¿Y tú... de quién eres....?

Somos muy parecidos a los coches de marca; vamos de exclusivos, tenemos la mayoría de lo bueno copiado de otro pero vendemos afanosamente nuestras exiguas novedades.
Bajo mi humilde opinión, así creo que somos realmente las personas.
Somos únicos en la especie animal, formándonos del resultado de multitud de influencias ajenas.
Hoy voy a contar aquí una de esas influencias que me ha llevado a ser como soy.
Desde muy temprana edad, siempre he sentido una especial atracción por los aparatos electrónicos. ¿Se acuerda alguien de esos antiguos magnetófonos con dos bobinas de cinta magnética y un micro cableado unido a la caja?. Ahí fue donde escuché por primera vez como sonaba mi propia voz.
La recuerdo más aguda y peor vocalizada de lo que creía. No me gustaba.
El artífice de ese gran descubrimiento fue mi padre. Vivía en un sitio privilegiado para experimentar ese tipo de descubrimientos.
Un puerto franco donde entraba de oriente toda clases de aparatos baratos y que hacían cosas fantásticas.
Ya recién nacido me contaban que no dormía hasta que me ponían el famoso transistor de dos pilas, también llamado de petaca, junto a la almohada.
El contacto con los equipos electrónicos se remontaba a principios de los años sesenta, en plena era histórica de los mismos.
También recuerdo la TV en blanco y negro con válvulas (tardaba de dos a tres minutos largos en encenderse y aun así, había que esperar un rato para que alcanzara su tonalidad óptima de grises), era un Shauwb Lorenzt alemán (donde vivía no se comercializaban marcas españolas como Vanguard y otras como Philips, aún no tenían mercado...)
Duró veinte años el puñetero.... y porque se dejaron de fabricar las mas elementales piezas de repuesto, que si no..... tenía tubo para rato.
Vivía rodeado de una tecnología (entonces puntera) que no valoraba, eran normal en mi vida.
Pero en uno de mis viajes a Sevilla pude compartir con mi tío Manolo, que había descubierto el magnetofón y flipaba con sus grabaciones de sonido, la utilidad de esos aparatos tan comunes.
El clima no me sentaba muy bien (no estaba acostumbrado a sus altas temperaturas) y padecía de bastantes dolores de jaqueca con su característica hipersensibilidad a la luz.
En esas, precisamente, se le ocurrió que le dijera algo para grabarlo y probar como funcionaba su magnetofón.
No sabía yo que a los cuatro años de edad, iba a crear mi canción del verano particular.
Me la ha estado recordado toda la vida cada vez que salía el clásico tema familiar que todos hemos tenido del... "¿te acuerdas cuando el niño era chico...?"
Pues mi frase tenía... ¡hasta música!.
Anécdotas simpáticas para recordar, pero lo cierto es que marcó su momento para siempre y me enseñó una cosa muy importante: Que jamás debería dedicarme a la canción.
Otras han habido de muchos tipos con él.
Me he despertado muchas veces con el ruido de las fichas del dominó y los golpes en la mesa del famoso "arrastro..."
Con el sonido del cante de Juanito Valderrama, Antonio Mairena, etc. etc. y con la vista de las novelas de Estefanía sobre las mesas de la peluquería que regentaba y que estaba compartida con la vivienda en su planta superior.
También recuerdo el olor a café recién hecho y a los vapores del Anís del Mono y el Clavel.
Lo recuerdo con la primera Derbi 50 cc "Campeona del Mundo" que la hizo famosa Ángel Nieto, color rojo y el sonido metálico de su escape.
La tuvo impoluta y brillante durante toda su larga vida de servicio.
Recuerdo mi primer ciclomotor. Un Vespino SCA color azul metalizado (¿...por ahí vendrá lo del "Pitufo Azul"....?) que era una maravilla y me llevó desde mis catorce años hasta los ventitres sin tener una sola queja.
Terminó en brazos de la empresa donde trabajo. No es por decirlo, pero lo cierto es que lo regalé para mejorar el servicio de un compañero. Nunca me he arrepentido de haberlo hecho.
Ahí murió con las botas puestas, reventado hasta sus últimos kilómetros....
Con ese Vespino di mis primeros garbeos ruteros; salíamos a disfrutar de la carretera, sin casco porque entonces no era obligatorio, pero había menos latas, corrían menos que ahora y se podía circular en ciclomotor con precaución.
Todavía se acuerda y se ríe de la "ostia" que me dí al meter la rueda delantera en la embutida vía ferroviaria sobre el asfalto, en plena curva del antiguo puente portuario "De la Corta" de Sevilla.
Eran viajes de ida y vuelta con Coca-Cola en casa.
Finales de los años setenta y preparándonos para el mundial del Naranjito.
Sí, el Naranjito y el ridículo que hicimos en ese mundial de fútbol que no pasamos de la fase previa de clasificación.
Ha sido el único hombre al que he permitido que me tomara conscientemente el pelo y el primero que me dio a probar el tabaco rubio americano del águila, esos que entraban por la base de Morón.....
¡Jó!, eso si que eran cigarrillos y no el rubio que se pillaba por aquí.
Mal me acostumbré, que después llegó la mili y solo llegaba el tema para negros y hasta sin boquilla, teniéndome que conformar más de una vez con los cortadillos de cidra que me enviaban de casa.
Hoy puedo decir que el entonces tío era hoy el clásico familiar mas adaptado a la mentalidad de la gente joven del momento. El de pensamiento más abierto. En fin, lo que sigue siendo hoy, un cachondo mental, con el perdón de la expresión.
El tiempo pasa inexorablemente, tu vida coge por caprichosos senderos y llega un momento que te paras a pensar sobre ello y te das cuentas de lo que eres: La suma de todo lo que has vivido.
De tus recuerdos, influencias, consejos que has querido recibir, anécdotas compartidas, etc.
Mi tío Manuel, Manolo, como lo llamo yo, es, valga la redundancia... un tío especial. Fue como un hermano mayor pero con el respeto (que había entonces...) a un ascendiente.
Sigue siendo eso que nunca dejó de ser, el de humor sarcástico y más extrovertido de la familia.
Bético a más no poder por contar y conservador de ese espíritu que siempre lo ha mantenido joven y abierto al contacto con la gente.
Osado, atrevido y con ese sutil humor que no todo el mundo entiende (¿les recuerda eso a alguien?), una máquina de chistes y novedosos chascarrillos.
Si en vez de peluquero, hubiera sido futbolista, le hubieran dado seguro, la Bota de Oro en reconocimiento a toda una vida de excelente servicio.
Como tantos, es otro autónomo más sin homenajes, ni medallas, ni relojes de oro.
Han pasado los años y no tengo ese magnetofón, pero utilizaré este blog para grabar estos recuerdos, publicar y difundir en su merecido reconocimiento, los surcos que grabó en la cinta de mi personalidad y que gracias a él, como a tantos otros que me influyeron, reproduciré hasta el último día de mi vida.
Desde este espacio y aunque pueda sonar a tópico, me toca darte las gracias por haberme dado tantos ratos buenos que recordar y haberme pedido siempre... tan poco a cambio.

* Edito el 16 de Julio de 2009:

Esta mañana, ha descansado en paz.

En algún lugar hay otra buena persona que ha dejado los deberes bien hechos.
Hasta siempre, ... whaymogen :-) Pronto nos veremos...