viernes, 25 de junio de 2010

Volver al punto de partida

En una paradisíaca isla, un frondoso bosque contenía un bello y plácido estanque bañado por rubios y cálidos rayos del sol.
Un día, dos familias desconocidas, desde distintos lugares de él, tiraron una piedra junto a la orilla de sus plácidas aguas.
Fueron rápidamente engullidas y no dejaron mas huella que un pequeño chapoteo y una onda concéntrica que fue alejándose de ellas lenta pero implacablemente hacia su infinito horizonte.
Con el tiempo, las dos ondas se encontraron en el centro y se fusionaron en una multiplicada y de incontables direcciones.
La propia inercia hizo que se separaran y tomaran caminos distintos. Nunca mas volvieron a coincidir.
Fueron absorbidas por la quietud del entorno y terminaron disueltas por las moléculas del medio del que habían partido.
Pasaron los años, fueron envestidas por nuevas vibraciones que la manejaron caprichosamente por ese lugar, recorriendo todos y cada uno de los rincones que las rodeaba.
Conocieron días calurosos, tormentas torrenciales que las batieron impetuosamente y duras heladas que las paralizaron.
Llegó el día que aprendieron a utilizar la naturaleza, esa sabia aliada que te inyecta todo tipo de conocimientos y consiguieron las herramientas que les proporcionaba el entorno.
Provocaron vibraciones que dirigieron en todas las direcciones, recibiendo multitud de manifestaciones infructuosas.
Con tenacidad y perseverancia, consiguieron el milagro de confluir y reencontrarse de nuevo.
Rescataron el mundo idealizado que habían vivido en su primer contacto del pasado.
Compartieron aquello que medio habían olvidado para completarlo en vivo y rejuvenecido conocimiento.
Nada es imposible, cuando dos corazones nobles se empeñan en ello.
Creer y querer son las dos mayores fuerzas de la naturaleza que acompañan al ser humano para conseguir los mayores éxitos de su vida.
En la mía he tenido pocas satisfacciones muy notables.
Diplomarte en modestos estudios, el primer trabajo, tu boda, el nacimiento de los hijos, algunos triunfos deportivos, hacer buen@s a mig@s... y poco mas extraordinario que contar, pero hoy ha sido un día muy especial.
He sumado otro éxito equiparable, he sumado otro día para sentirse orgulloso de haber vivido, he sumado otro día, de los que uno piensa que por ellos, merece la pena vivir.
Hoy he encontrado a mi mejor amigo de la infancia... treinta y siete años después que esas ondas chocaran y se separaran.
El día de hoy no lo olvidaré nunca. Lo pondré en mi calendario especial y lo miraré como un día bendecido por la naturaleza, que me ha premiado por estar alerta y creer que detrás de la esquina hay esperanza y puedes encontrar en forma de sorpresa una razón por la que seguir agradeciendo al universo tu existencia.
¡Gracias mi estanque dorado!, ¡gracias por regalarme otra lección mas!.
¡Gracias por enseñarme a soñar, trabajar y darme la paciencia de saber esperar y reconocer que los frutos no caen por el libre albedrío!

lunes, 21 de junio de 2010

Mirando al cielo

Hoy he estado mirando al cielo y me he vuelto a hacer antiguas preguntas.
Pronto hará un año de un sentido adiós.
Aun sigo recordando a mi viejo amigo Turco.
Cuando dicen que un clavo atascado lo saca otro, no vale para esto.
Ya me he tenido que limpiar las lágrimas una vez y no he hecho mas que empezar a escribir.
Aun lo veo en mis sueños, en mi casa, en el coche... aún sigue dándome vuelcos el corazón cuando me cruzo con alguno parecido en la calle.
Hoy he mirado al cielo en busca de revelaciones.
¿A donde irán ellos?
No entiendo que esa energía pueda perderse vanamente y nadie me da respuestas.
Creo en la energía del universo, en la ley de acción y reacción, en la gravedad y no creo en que ellos no tengan un lugar en el cielo, me niego.
Para mi el cielo es pura energía positiva, es la liberación de los egos, los prejuicios y el equilibrio de lo más intrínseco de nuestro ser interior, de nuestra energía vital.
¿Por qué íbamos a tener solo nosotros, los seres racionales el privilegio de "disfrutar" de eso y los demás seres que habitan la tierra, no?
¿Que hemos hecho nosotros por el equilibrio universal para hacernos acreedores de esos "retiros" tan exclusivos y elitistas?
¿Por qué nosotros, humanos, conscientes de nuestros manifiestos errores vamos a tener mas privilegios sobre los seres nobles y puros que comparten su vida con nosotros?
Pues sí, hoy he estado mirando el cielo y me he hecho sobre ello, muchas preguntas.
Hoy tengo cuarenta y siete años, de los que muchos los he vivido, como yo digo, repetidos.
Todos esos años, los considero perdidos. He aprendido poco y solo he conseguido ser mas viejo e ignorante.
Lo único que he ganado es la percepción real de sentirme cada vez mas solo.
Tal vez escriba aquí para comunicarme con el universo, para romper algo de esa inercia de soledad percibida, o simplemente... para no reventar.
Hoy he mirado durante un buen rato las marcas que grabé en nuestro árbol. Su nombre y fecha de partida, para no olvidarlo jamás.
Fue quien mas me dio sin pedirme nada. Fue quien me calaba con su mirada y era un bálsamo de desahogo a mis problemas. Estaba convencido que me escuchaba y aunque no me entendiera, eso me ayudaba.
Hoy, casi trescientos treinta y tanto días después, sigo notándolo a mi lado y egoístamente, sigo echándolo muchísimo de menos.
No soy una persona mística, sino que peco de todo lo opuesto.
Siento que sigue aquí, en mi cabeza, en mis pensamientos... ¿y que son ellos sino energía?... y eso ¿no es lo que es él ahora?
Por eso, mientras lo tenga en mi mente, no nos habremos separado y cuando mi cuerpo lo abandone, mis pensamientos me llevarán a él, lo rescataré de la nada y nada habrá sido en vano.
Estaremos en nuestro cielo, con los que en este camino de zarzas, hemos amado.
Hoy he mirado hacia arriba ... y me he hecho muchas preguntas.