domingo, 20 de febrero de 2011

Señales

Los que me conocen saben que mi actitudes en la vida personal son las mismas que en la profesional. No hago distinciones alguna de comportamiento. La edad me ha ido dando esa sabiduría para saber estar sin tener la necesidad de fingir situaciones artificiales.
No se si será por ello pero reconozco que gozo de un estatus de simpatía a la que llegan mis compañeros con sugerencias y revelaciones.
Hace días uno me comentó con mucha perplejidad como le había acontecido una situación que lo ha dejado estupefacto, sin explicación lógica.
Su vida estaba cambiando por el simple hecho de dejarse llevar por una intuición personal. Su rutinaria vida estaba dando un vuelco por una simple acción, desencadenando en algo que no había buscado y que la providencia o destino le había llevado a su vida.
Disculpad mi falta de modestia, pero no me sorprendió en absoluto su sorpresa.
Desde que nacemos buscamos medios para entablar la comunicación con nuestros semejantes. Gestos, sonidos, símbolos y finalmente la palabra.
A esta última, el ser humano ha ido buscando fórmulas para hacerla llegar cada día mas rápida y lejos a sus semejantes.
Con ella transmitimos conocimientos, informaciones relevantes y también, sentimientos.
Hemos utilizado hasta hoy muchos medios y muchas formas para hacerlo.
Tradicionalmente, por ejemplo, los escritores utilizaban el soporte sólido que les proporcionaba el papel para dejar plasmadas y aseguradas al paso del tiempo, sus creaciones.
Unos pocos bien letrados eran los que tenían acceso a tales privilegios.
Hoy con los medios que disponemos, con saber leer, escribir y tener una mínima capacidad de expresar lo que sentimos podemos utilizar las nuevas tecnologías para difundir nuestras inquietudes y dejarlas plasmadas en un basto e inmeso medio.
Los seres humanos necesitan mandar señales al espacio, convirtiéndonos en grandes y potentes antenas que atraemos hacia nosotros aquello que enfocamos permanentemente.
Todo lo que nuestra mente enfoca en su pensamiento termina materializándolo el universo ante nuestros ojos.
Mucha gente me dice que quiere cosas y que ninguna obtiene...y es cierto. Tiene deseos pero no piensa, visualiza y fija en su mente la imagen de lo que realmente quiere o necesita. Símplemente dispersa sus energías enfocando sus miedos y problemas... y eso es lo que obtiene materializado.
A los miedos no hay que darles ningún típo de energía con nuestros pensamientos.
Los miedos se afrontan cara a cara y después... se olvidan.
Los miedos se escriben en papel, se leen, se queman con una cerilla, se contempla como se va y se olvida uno de ellos.
Las preocupaciones no se consideran, porque son eso... pre-ocupaciónes. Si aun no te has ocupado de ello ¿que haces afligiéndose por eso? Te estás colocando en mala situación para afrontarlo.
Yo solo tengo dos tipos de problemas: Los pequeños y los grandes.
Los pequeños lo resuelvo con mucha facilidad.
Los grandes los hago pequeños dividiéndolo en pequeñas soluciones.
Por eso antes de darle puerta a una preocupación, prefiero tener ocupaciones para resolver; es mas saludable, creánme.
Y a todo esto, ustedes pensarán, ¿que tiene que ver la revelación de mi amistad con las preocupaciones? Pues mucho.
El tenía en su vida lo que había "pedido" al universo pero no lo comprendía. No lo comprendía porque lo había enfocado con sus miedos y no lo deseaba hipócritamente en su conciencia.
Al final de su relato, confesó que esas alteraciones que sentía le generaba un estado de preocupación y ansiedad ¿por qué?:
Por miedo a lo desconocido; el miedo que te paraliza y te hace esclavo de tu propia inercia de vida. El que te hace perder las oportunidades de prosperar. El que te hace sentir desgraciado y cobarde. El miedo a vivir en definitiva.