lunes, 10 de octubre de 2011

Te lo comparto
















Como un rito, al alba, enfundo una vulnerable armadura.
En cuidadoso silencio compongo los elementos.
Chaqueta, pantalones, botas, guantes y visera limpia.
Último vistazo a niveles, gomas, iluminación... todo está en orden.
Cojo aire y parto cargado de esperanza de volver sin novedad,
emprendo la ruta planificada a mi destino.
Objetivo: disfrutar del camino. Paso a paso, etapa por etapa.
Impregnar los pulmones de los aromas que desprende la campiña.
Respirar, respirar y respirar mientras observo el paisaje en lejanía.
Todos los sentidos alertados sin descanso un segundo.
Los músculos empiezan a quejarse al transcurrir los minutos.
Pequeños cambios posturales ayudan a relajarlos.
El viento azota el casco y su monótono ruido te adormece.
Una leve parada para reactivar la conciencia.
Desayuno y listo para continuar.
Estoy llegando a la cumbre. Las vistas son de cuentos.
El trazado cada vez es mas sinuoso y difícil.
El esfuerzo merece la pena y el camino es recompensa.
Naturaleza en estado puro y estoy ahí, solo, mimetizado en ella.
Acompañado simplemente de mis pensamientos.
Percibo en mi silencio el latido del corazón.
Curvas sin puntos de fuga lo acelera,
pero respira aliviado al levantar la inclinación y afrontar la recta.
Pasan los kilómetros y llego a mi destino
Una pena, el camino ha terminado ahora queda regresar.
Minutos para estirar piernas, desentumecer músculos y respirar...
Conciencio mi destino, valoro y tomo notas mentales del lugar.
Regresaré, será lo mas seguro. Siempre hay algo positivo para repetir.
Revisión visual, subo y enciendo el motor.
Cambio la ruta para mantener la atención.
Sin prisas, consumir etapas y disfrutar del camino de vuelta.
Lástima que termina la excursión, pero la recordaré toda la semana.
Recordaré olivos, encinas, pinos, pantanos, lagos, paredes de minerales
expuestos a la dura intemperie de la sierra.
Recordaré olores a jaras, manzanillas, romeros y lavandas.
Te recordaré a ti, que viajaste conmigo.