lunes, 7 de mayo de 2012

Con respeto y sin temor

Aquellos que crecimos estudiando frente a pizarras, tizas y borradores de fieltro podréis visualizar mas fácilmente este pequeño relato conmigo.
¿Quien no recuerda como el profesor las mojaba para evitar el rechineo que provocaba su roce y dejar mejores huellas en sus trazos?
Como, una vez seca, generalmente buscaba a un siempre presuroso voluntario entre nosotros para borrar su contenido.
Para mi era curioso observar como su estela permanecía desde una visión oblícula aprovechando reflejos de cualquier ventana.
Esa trazada aparentemente borrada no desaparecía fácilmente, necesitaba... tiempo.
Miles de ellas superpuestas se acumulaban empañando el original brillo de su soporte.
Solo con nuevos y múltiples borrados se confundían esos textos y se facilitaba perderlos progresivamente de vista.
Recuerdo como a principio de un nuevo curso, aparecían pintadas y flamantes, listas para ser testigo en primera linea de las nuevas enseñanzas. Solo así desaparecía definitivamente aquello que existió y sirvió para influir en la vida y en las mentes de aquellos que lo vivimos.
Esto es lo que veo cuando la vida me ofrece una lección.
La pizarra es ella y mis circunstancias.
La tiza y sus impresiones, son mis decisiones.
El borrador.... el tiempo que transcurre inexorablemente.
Yo escribo mi destino. Nada es inamovible, nada es eterno y nada es para siempre. No hay empeño bien o mal considerado, que sin dejar de reescribirlo continuamente, pueda burlar el olvido si no está sometido a una evolución y al deseo de superar todas las adversidades.
El tiempo se convierte en juez y testigo.
El tiempo es la fuerte morfina que borra el mas duro y cruel de los dolores.
El tiempo es aquello que convierte al que busca en afortunado y al que se rinde en perdedor.
Nunca dejaré de pelear por lo que creo y de buscar un sentido que superar.
Jamás perderé la esperanza y la fe en mejores expectativas para todo al que influyo y me rodea.
Reescribiré mi historia pese a que el tiempo termine borrando mi escritura caduca.
Insistiré manteniendo paciencia, cultivando tesón, adquiriendo sabiduría y prestando mi amor sin esperarlo a cambio.
Siempre, ahora que lo sabes, habrá entre mis tizas una nueva y flamante para ti, por si quieres seguir escribiendo nuevos surcos en esta vida... que afortunadamente, puedo, quiero y he decidido compartir eternamente contigo...